El dinero no es malo ni bueno: es una herramienta
Casi todo lo que nos enseñan
sobre el dinero se enfoca en gastarlo y ahorrarlo. Padres, profesores e incluso
los libros de finanzas personales hablan de ahorrar dinero para conservarlo,
aumentarlo y controlarlo. Ahorrar dinero implica buscar maneras de generar más
para crear un colchón más grande. Se nos enseña que esa es la gran meta.
En contraste, gastar dinero
se describe como presupuestar o hacer recortes. Incluso nos dicen que
deberíamos crear hábitos para que gastar sea algo doloroso, como destrozar
tarjetas de crédito y llevar solo efectivo. No deberíamos sentirnos bien al
gastar dinero.
Desde que tengo memoria, así
es como he definido esos dos conceptos: ahorrar es bueno y gastar es malo.
Pero en determinado momento
hice un cambio sutil en mi forma de pensar. ¿Y si empezamos a tratar el dinero
como una herramienta? Las herramientas deben usarse. No están hechas para
guardarse en un estante y llenarse de polvo. En vez de pensar en términos de
ahorrar y gastar dinero, comencé a pensar en usarlo.
Digamos que hemos decidido,
por ejemplo, que es hora de viajar en familia. Ahorramos dinero y el viaje
encaja perfectamente con nuestros planes. Cuando llegue la hora de utilizar ese
dinero, no hay necesidad de sentirse culpable. En vez de eso, estamos usando
una herramienta que nos ayuda a obtener algo que valoramos: tiempo con nuestra
familia.
Este cambio de mentalidad es
sutil, pero sí transforma nuestros sentimientos acerca de ahorrar y gastar. Ya
no necesitamos pensar en términos como bueno y malo, positivo o negativo. Nos
enfocamos en el resultado de nuestras acciones.
El dinero está hecho para
utilizarse, para estar en movimiento. Circula de nosotros a otras personas y
después de vuelta a nosotros. Incluso cuando ahorramos dinero, simplemente
estamos almacenándolo para utilizarlo después. Si usamos dinero hoy, no estamos
gastándolo ni desperdiciándolo. Estamos utilizando la mejor herramienta disponible
para obtener resultados.
Mi experiencia sugiere que
este pequeño cambio transforma nuestra forma de sentir y hablar de los gastos.
Desde luego, el cambio no nos da permiso de tirar por la borda el presupuesto
ni de ignorar nuestros planes. Sin embargo, delimita claramente las emociones
negativas que nos han enseñado a sentir en torno a gastar dinero.
No nos sentimos mal cuando
utilizamos un martillo para clavar un clavo. No debemos sentirnos mal cuando
utilizamos dinero para cumplir nuestros planes y metas.
FUENTE: The New York Times
FUENTE: The New York Times
NO PUEDES COMPRAR LA FELICIDAD CON EL DINERO PERO ESO SI TE DA SATISFACCIÓN
ResponderEliminarPERO OJO ES LA RAÍZ DE TODOS LOS PROBLEMAS
ResponderEliminarJAJAJA SI LA MAYORIA DE VECES
Eliminar