El
año que mentimos peligrosamente
Pascual serrano
“El papa Francisco emitió un
comunicado de apoyo a Donald Trump”, “Aparecen pruebas de que Barack Obama
nació en Kenia”, “La candidata demócrata contrató a un sicario para que matara
a un oficial del FBI”, “El ex presidente Bill Clinton mantiene una relación
romántica con Yoko Ono”. Esas y otras noticias falsas saturaron Facebook
durante la campaña electoral en los Estados Unidos, hasta el punto de que
superaron a las verdaderas.
2016 se ha caracterizado por
la eclosión de mentiras en las redes sociales que han triunfado entre la
población e incluso han saltado a los medios tradicionales.
En España, fue mediante
vídeos de Youtube como triunfó el falso teléfono móvil extremeño con el logo de
la bellota, que sencillamente era un aparato chino con el precio multiplicado.
En Twitter no dejan de difundirse imágenes falsas de bombardeos, de disturbios
o de manifestaciones, siempre al servicio de un determinado bando. Como alguien
dijo, internet es un basurero donde hay algunos diamantes. El problema es que
buscar en los basureros suele ser agotador y terminas muy sucio. El
abaratamiento de la cobertura informativa gracias a las redes, la desaparición
de enviados y corresponsales para ahorrar gastos y la urgencia informativo han
provocado que toda esa basura informativa falsa termine en los medios
tradicionales, donde la investigación y el contraste ha desaparecido.
Los medios dicen que el
padre de Nadia nos engañó con la enfermedad de su hija, pero no es verdad, nos
engañaron los medios que nos presentaron la historia como verdadera.
El presidente de la Comisión
Europea, Jean-Claude Juncker, ha pedido a compañías como Facebook o Google
medidas más efectivas contra las manipulaciones. "Vamos a controlar con
rigor cómo se implementan. Es algo que va en su propio interés porque la
credibilidad es su activo más importante", señaló en una entrevista al
grupo de medios alemán Funke. De este modo se sumó al coro de voces que reclama
a redes sociales y distribuidores de contenidos una acción más contundente
contra las mentiras que inundan Internet. La difusión de noticias falsas se ha
convertido en una preocupación global. El Papa Francisco comparó su consumo con
comer heces y la excandidata demócrata Hillary Clinton, víctima de numerosos
bulos durante su campaña a la presidencia de EEUU, advirtió de que este tipo de
informaciones pueden incluso poner en peligro vidas.
No es casual que el vocablo
Postverdad haya sido proclamado palabra internacional del año por Oxford
Dictionaries, la sociedad que edita el Diccionario de Oxford. Una elección que
el editor ha dicho "refleja un año definido por el discurso político
emotivo". Postverdad ha sido definida como una palabra que "denota
circunstancias en las que los hechos son menos influyentes sobre la opinión pública
que las emociones o las creencias personales".
No es que Posverdad sea
sinónimo de mentira, pero se acerca en la medida en que supone que la verdad se
convierte en un elemento secundario e innecesario frente a la intencionalidad
emocional.
En realidad, lo único que ha
sucedido es que con las redes sociales y las nuevas tecnologías hemos
democratizado la desinformación, los bulos y las patrañas. Hasta ahora los
grandes medios, los gobernantes y los grandes poderes económicos, tenían el
poder exclusivo de la difusión masiva de mentiras. Nosotros solo nos hemos
contagiado de la misma impunidad y falta de escrúpulos. Quizás ahora sí les
interese poner coto al engaño y al embuste al observar que su uso se ha
popularizado.
todos tenemos alguna mentira en la vida
ResponderEliminara veces mentir dicen que es bueno?
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